jueves, 20 de julio de 2017

Tengo que comer...

Mi relación con la comida fue muy tormentosa durante un buen tiempo, y todo comenzó en mi niñez… cuando se forjaron mis traumas, donde echaron sus raíces las malas costumbres y las buenas, los hábitos dañinos y los benéficos. Y lo digo porque en mi caso, la relación que viví con la comida fue turbulenta y revoltosa: la comida no solo son sabores, también son texturas, y las texturas en la situación adecuada disparan sensaciones indescriptibles, como el helado frío de vainilla derritiéndose sobre mi lengua con un trozo caliente de brownie de chocolate, o el crujiente chicharrón de cerdo envuelto en una tortilla de maíz recién hecha y bañada con salsa roja de tomate y chile guajillo. Hay otras texturas que simplemente no soporto: imaginarme comiendo los pellejitos de jitomate en el caldo, me produce una repulsión enorme, como cuando te metes a una alberca y sobre la superficie hay insectos muertos e hinchados.

La presentación del plato también tiene mucho que ver con que se antoje comer: no es lo mismo una cucharada de arroz toda desparpajada en el plato, a que te sirvan el arroz con molde y se conserve la figura redondita… apetecible, aunque el arroz esté incomible. Con esto compruebo que de la vista nace el amor… 


Y precisamente porque de la vista nace el amor, sabía que en ese momento mi querido chush Luis Alberto Andrade Vega no podía haberse enamorado de mi, aunque yo fuera un bombón desbordando ternura y en mi interior tuviera mucha dulzura… literalmente porque me dediqué a rellenarme con dulces acuario, chocolates la vaquita, palanquetas, bombones de colores, palomitas acarameladas, popotes rellenos de azúcar glass, mazapanes, seltz soda, paletas de elote, sugus, brinquitos, paletas de reloj (de esas que lamías y luego estampabas en tu muñeca), chicles motita, chipiletas y salvavidas, pero no de esos que de verdad te evitan el ahogamiento… bueno hubiera sido, porque me atragantaba a escondidas: huía de mi mamá para que no me regañara por mi afán compulsivo para comer.

No siempre tuve problemas para controlar mi ingesta calórica, mi problema inicial era para comer: recuerdo a mi mamá preparándome bolillos con crema, queso fresco y jitomate. Llegó un momento en el que le dije – mamá, la verdad es que nunca me como las tortas, y no te sientas mal, pero a veces mis compañeros a los que nunca les echan nada para el recreo, tampoco se las quieren comer, preferiría mil veces que me dieras el pan untado con crema, una rebanada de queso y el jitomate, prefiero comerlos por separado– . Recuerdo su amorosa respuesta: –te lo tragas.

Y es que mi mamá, en su afán de protectora, me vitaminó con un medicamento homeopático para que me diera hambre, porque antes de mi rechoncha figura solo comía en cantidades adecuadas, mi cuerpo era esbelto y rara vez sentía antojos irresistibles. Sin embargo, bajo el axioma maquiavélico de “los niños gordos son sanos”, me obligó a consumir un horrendo menjurje que yo juraba había salido del cazo de una siniestra bruja, porque sabía asqueroso, y me provocaba unas ganas insaciables de atragantarme con cualquier cosa que se pudiera considerar comible... alimenticiamente hablando.


Cuando estaba bajo tratamiento, experimenté un hambre insaciable, tanto, que hasta me comía la mantequilla a mordidas, la cebolla cruda en capas, y a los huevos les hacía un agujerito para chupar el interior… no pienses mal, estoy hablando en serio… y creo sinceramente que es preferible estar chupando un huevo, a estar cociendo un huevo...



A la fecha me quedan reminiscencias de esos eventos, pero no soy una Dianne Margaret Clayton cualquiera, la gente a mi alrededor no corre peligro si acaso tengo hambre. Hoy en día puedo perfectamente controlar lo que como, mientras esté acompañada, porque estando sola puedo comer sin mesura y sin control.

  

Sé que la presentación de los alimentos es parte importante de su disfrute, pero de acuerdo a los esquemas arcaicos de las mujeres de mi familia, siendo sagrada la comida, independientemente de la presentación, debíamos comerla con gusto, por lo menos se empeñaban en cocinarla y asegurarse que estuviera a buena temperatura al momento de servir. En esto último teníamos que ser muy cuidadosos, porque cuándo daban la orden de que teníamos que sentarnos a la mesa, debía ser de inmediato… dejar la comida en la mesa para que se enfriara en lo que terminábamos de jugar para sentarnos a comer, ameritaba el uso de la chancla… y no precisamente para caminar. 

En la austeridad familiar de aquellos años, la comida se consideraba como un bien muy preciado para compartir… y como moneda de cambio de chantajes y amenazas: cierra la boca y come, si no comes no hay postre, si comes todas tus verduras, crecerás grande y fuerte; tienes que comer para poder salir a jugar; si no comes, te vas a morir debilucho; nosotros aquí teniendo comida, y muchos niños que se mueren de hambre… todas estas frases dejaron de utilizarse conmigo cuando padecí esa hambre atroz producida por el medicamento para estimular mi apetito, y la frase más repetitiva que mi mamá usó para conmigo fue: - ya contrólate pareces cucaracha, que hasta los cables de la luz se tragan.


Recuerdo que, como todos los niños, tenía gustos por comidas particulares, y rechazo por otras: generalmente la comida que me encantaba era poco nutritiva, y aquí me atrevo a asegurar que todos pasamos por esa etapa.

Teniendo una hija preadolescente es inevitable recordarme a esa edad y complacerle su gusto por papitas, galletas, príncipe y chokis, tacos de bisteck con verdura y salsa, quesadillas doradas, helado de chocolate y de limón, sándwiches calientes sin vegetales (aunque no le pone pero alguno a los subways), lasaña, la pizza pero sin piña (y en este punto pienso desheredarla), caldo de res y pollo, sardina con papas sabritas, quesadillas con doritos, Brócoli (sí, le encanta el brócoli), arandanos secos, platano (guak, odio el plátano), manzana, calabaza, jitomate en salsa, jicama y pepino, sopa de pellejito de jitomate (iukkkk askoooo), carne de res, picadillo, atun, pescado… no le gusta el aguacate, ni el queso azul ni las frituras demasiado condimentadas, y a diferencia de muchos preadolescentes, ella no puede comer comida chatarra todo el tiempo… ha llegado a hacer a un lado las sabritas y ricolinos para comer brócoli y jícama con limón… ahora que analizo las cosas, soy tan mala madre que nunca le he prohibido comer golosinas y frituras, ni tampoco la he obligado a punta de chanclazos a comerse las verduras: sé que no le gusta el aguacate, así que no me desgasto insistiendo que lo coma...

Mi hija tiene una relación sana con la comida: si se le antoja se la come, y si no, pues no, no la obligo a comer y ella voluntariamente come sano, más sano que muchos de su edad. Mi relación con la comida, es un poco extraña, y a la fecha hay a quien le sorprende que tengo gustos aparentemente contradictorios: me encanta el jitomate, lo amo, podría comerme un jitomate como si fuese una manzana, si le agrego un poco de sal, para mí es un manjar… pero nunca intentes ofrecerme un pan que lo incluya, me parece sencillamente intragable: la mezcla de la harina con el jitomate no me agrada… a menos que en el pan bañes el jitomate con aceite de oliva y le espolvorees un poco de óregano… así cambia la cosa. Igual que el jitomate, hay cosas en las que muestro una repentina aversión y posteriormente me descubro amándolas: es como cuando voy a una fiesta, ponen reaguetton, y es inevitable hacer mi cara de “huele a desagüe abierto” pero cuando le agrego alcohol en la dosis adecuada temino perreando. 



En efecto, hay ocasiones en las que prefiero comer los ingredientes por separado, hay platillos que no pueden mezclarse y cual si fuera una obsesiva compulsiva, procuro servirme en platos diferentes para que los sabores no se perviertan. En el caso de mi adorado hermano, aclaro, no el Caifán sino el de sangre, tenía una incomprendida afición por las conchas con mermelada de fresa y frijoles, o el caldo de res con plátano y dulce de leche… y yo, procuro no mezclar el espagueti con el gravy de la carne ni la ensalada… pero con mucho gusto puedo comer uvas blancas con queso manchego, higos con jamón serrano, aceitunas verdes con ciruela pasa y almendras, queso de cabra con ate de membrillo, salmón crudo con salsa de soya… y hablando de alimentos crudos, debo confesar mi gusto culposo por la carne… sencillamente es imposible ser vegetariana, la carne cruda es para mí un manjar.



Mmmm, esto de la carne cruda es fabuloso… continuará el próximo jueves.

La rola de hoy… 

jueves, 13 de julio de 2017

Lo que para mi significa amar

Hace dos meses, estaba chateando y escribí una frase: “el amor que nos enseñaron no es negocio.” Mi interlocutor reaccionó encabronándose, me reclamó y le dije: —tal vez te indignas porque socialmente se espera que el amor, como un sentimiento puro, debe darse desinteresadamente sin medida, a costa de uno mismo, y ésta frase indica que no debe ser negocio, y piensas quizá, que hice el comentario refiriéndome a que el acto de amar a alguien no conviene, puesto que nos arriesgamos a tener más pérdidas que ganancias. En efecto, indígnate porque a ésto último me refería.

No quería siete años de mala suerte
así que me besé a mi misma en el callejón del beso
Amar a alguien, en la forma en la que la sociedad nos ha enseñado, implica sufrimiento, dolor, renunciar a uno mismo, ver al otro antes que a uno mismo, dar sin medida siempre, centrarse en el otro… suena a todas luces a una pésima inversión. Sobre todo cuando nos dicen que amemos a nuestro prójimo y la neta, para serles sincera, hay prójimos que me causan una repulsión y asco que no les cuento.

Luego dicen que el amor es dar hasta que nos duela, y eso suena francamente a locura... bueno, a veces duele, sobre todo cuando no está suficientemente lubricado. Pero en eso del sentimiento de amar, me gusta la idea de que amar implica dar lo que cada uno de nosotros puede dar voluntariamente y sin exigir algo del otro como si fuera una obligación o deuda, porque uno no puede dar lo que no tiene, ni pedir que a uno le den lo que el otro carece, y si uno da lo que no tiene, es en efecto, un mal negocio que obviamente traerá más pérdidas que ganancias. 


La abnegación de dar más allá de lo que tuve, no me dejó otra cosa más que una sensación de insuficiencia, y eso no es amor. Abnegación, altruismo, renunciar a lo propio, sacrificio: sí, son sublimes, pero pienso que solo son válidos de una manera recíproca, es decir, sería muy cruel e inhumana si veo que mi pareja se está sacrificando y yo me quedo de brazos cruzados. Lo menos que podría hacer es aligerarle la carga… o darle un empujoncito. Pero ésto es de dos, las relaciones de pareja si son sanas, son bilaterales y no egoístas: te miro, me miras; te beso, me besas; te toco, me tocas; me muevo, te mueves; me chupas, te chupo; me metes, te... cada quién.

Aprendí de manera dolorosa, que el amor que siento por mí, me priva a veces de amar a alguien en la forma en la que desea ser amado, porque primero estoy yo, y después el otro. Yo soy mi prioridad, si me anulo a mí misma, seré invisible para el otro, si debo anularme para ser amada, me convertiré en una ilusión, me quedaré en fantasía, porque no seré más que una sombra. 

Una idea acerca del amor, es pensar que podemos enamorarnos de nosotros mismos a través de la mirada del otro, buscar a alguien que nos ame en la forma que no podemos amarnos a nosotros mismos... la realidad es que no funciona así. No puedo amar a alguien que no se ama a así mismo, porque por más amor que le de, nunca será suficiente si primero no se acepta, no se ama, no se comprende... porque será echar mi amor en saco roto. El primer amor, es el que nosotros mismos nos damos, en la medida en que nosotros mismos nos aceptamos y queremos, para permitir al otro amarnos y corresponderle con amor, amor que ya hemos construido al interior. Si no es así, se vuelve tiranía.

Tal vez creas que mi “egoísmo desmedido”, es lo que me lleva a pensar así, pero para convertirme en una “desalmada culera sin corazón”, hubo un proceso previo de decepciones, lágrimas, sangre, fluidos espesos, golpes (literalmente hablando), y la pérdida de mucho tiempo, dinero y esfuerzo. La realidad es que no soy "tan" tirana como para permitirle a a alguien que me ame más que a sí mismo, de permitir ésto, estaría anulando al otro de una forma verdaderamente egoísta.
 

Si amar redunda en pérdidas para alguna de las partes, no es amor. Si duele, no es amor. Si lastima, no es amor (o tal vez sea que está grande y el agujero es pequeño)

¿Que hay con el “te amo”?… uy, empiezo a meterme en terrenos escabrosos. Sé que en mi adolescencia era común encontrar al amor de mi vida cada tres semanas, y la famosa y trillada frasecita se me salía como por arte de magia, impulsada desde mi estómago repleto de mariposas… hoy en día, es una frase especial que reservo para momentos mágicos. Aunque en el pasado, después de un buen orgasmo llegué a reprimirme para que no se me saliera sin querer… la frase. Aún y con esto, estoy segura que hubo quienes contaron con la suficiente capacidad de comprensión para determinar que si acaso se me salió ésta frase, fue producto de mi estado etílico, de la emoción del momento, de mi imaginación desbordada o de mi pendejez infinita. Y es que para mí fue incómodo escuchar la frase cuando vino de una persona con la que no quería comprometer mi tiempo, ni mis pensamientos y mucho menos mi vida. Por lo anterior si alguien me la dice, no me emociono, primero racionalizo el hecho y concluyo que puede ser por diferentes circunstancias y no porque quiera comprometer conmigo su tiempo, sus pensamientos y su vida. 
Cuando ésta frase la dice alguien a quien yo también amo, no me emociono: la paso por diferentes filtros de evaluación, porque así soy de técnica (sí, ódienme por eso, pero me he salvado de muchos disgustos). 

El primer filtro de evaluación es ¿en el momento en el que dijo la tan temida frase fue en medio de una venida? Si la respuesta es positiva, entonces le doy un bajo porcentaje de credibilidad… te sorprendería saber cuántos me lo han dicho bajo estas circunstancias (lo sé, soy buena). 

El segundo filtro es, ¿lo dijo en un momento romántico?, si la respuesta es positiva, entonces es muy probable que se trate del resultado de la atmósfera que se vive en el momento. 

El tercer filtro es, ¿lo dijo bajo presión, en medio de una crisis?, si la respuesta es positiva, entonces es como cuando estás en medio de un desastre y literalmente te cagas por cuestiones fisiológicas… digamos que con la frase, la cagó. 

El cuarto filtro: ¿la dijo después de que yo esperaba que la dijera, pero fue en un momento no planeado, sorpresivamente, y sin que exista un interés de por medio como una petición de algún tipo de favor? Si la respuesta es positiva, entonces entro en pánico, porque de ser cierto,  oxitocina, dopamina, feniletilamina, endorfina, serotonina, adrenalina y noradrenalina estarán transitando por mi torrente sanguíneo y hasta corro el riesgo de actuar como si estuviera borracha… el amor es como una droga, una droga altamente adictiva que debería ser como medicamento controlado… el amor produce confianza, y al sentir confianza, me despojo de temores y me vuelvo voluntariamente por completo vulnerable: Locura, le llaman algunos.

El tan trillado concepto de amor, a veces nos complica demasiado la existencia porque no siempre estamos seguros de sentirlo, de tenerlo, y mucho menos de encontrarlo. Cada uno de nosotros tiene sus ideas acerca del amor, y es imperativo que antes de decir la temida frase, nos hayamos hecho conscientes de todo lo que implica.

Y lo mismo en sentido contrario,
por eso quiero agradecerle por abrirme su universo,
aprenderle, amarle, respetarle, explorarle y hacerle gemir.
Sí, efectivamente, amar a alguien implica que si el equilibrio se rompe, hay un riesgo de que éste acto reditúe en más pérdidas que ganancias, así que las personas a quienes amo están conscientes de lo mucho que valen para mí, al grado tal de hacerles un espacio en mi oscuro y frío corazón de manera voluntaria, porque he aceptado la posibilidad de perder para entregarles desinteresadamente y sin esperar algo a cambio a lo único mío que les puedo entregar: a mí, así, tal y como soy. Y comenzar a dar, sin contar lo que doy, con una forma de dar pura, libre, sin medida para no entrar en hipocresías y conveniencias. 

Porque cuando en realidad no necesitas desprenderte de algo, ni fingir, ni cambiar y así encajas, y el otro no tiene necesariamente que desprenderse de algo, ni fingir, ni cambiar y así encaja... es fenomenal, súper fenomenal cuando lo que se desea ahí está, voluntariamente, sin chantajes, sin condiciones, sin presiones, sin obligación. 


El fracaso es un destino posible en el futuro, pero ¿acaso es prevenible? Podría ser, en la medida en que el amor sea recíproco, porque para evitar el fracaso es necesario dejar que los involucrados evolucionen, sean libres, fluyan armoniosamente reinventándose cada día y adaptándose al entorno. Cuando las cosas rozan mucho no jala, todo debe fluir, porque de a poco el amor se acaba cuando no se comparte, de a poco el amor se desgasta cuando no acopla.

Cuando es necesario desprenderse de partes de uno mismo para enchufar con el otro, esos huecos que van quedando se convierten luego en profundas fracturas que dañan la estructura de la pareja, para después desmoronarse y esparcirse, muchas veces sin oportunidad de volver a reconstruirse… aunque el tiempo, la experiencia y la determinación luego puedan llevar en el futuro a condiciones propicias inesperadas... y a sorpresas agradables.

Hey, Viandas: Vuelve a creer en el amor. (Eat, pray love, 2010)
El amor no tendría que implicar pérdida, sino ganancia; construcción y no destrucción; placer y no dolor; novedad y no rutina; impulso y no estancamiento; complicidad y no engaño… fluir dándose recíprocamente.

Y a todo esto, ¿cómo podría definir que amo a alguien? Porque primero entiendo que ese alguien no me pertenece, y por lo tanto no buscaré cambiarlo aceptándolo tal cual es; desearé verlo evolucionar, avanzar y mejorar día con día; brindarle aliento cuando desfallezca y se sienta sin ánimos; emocionarme a su lado cuando alcance sus metas y objetivos. Me dará gusto disfrutar sus triunfos solo por ver su felicidad; lo respetaré por la calidad de ser humano que es, conoceré el pasado que le forjó su carácter, entenderé sus defectos y virtudes sin juicios ni reproches, y tampoco me juzgará ni me reprochará a mí por mi pasado; no le necesitaré para ser lo que soy, pero su sola presencia iluminará mi vida haciéndola mejor, caminando hacia el mismo lado. Permanecerá a través del tiempo, por la huella que deja, por las heridas que se abrieron, sangraron, fueron cerradas con besos, agradecimientos y sorpresas inesperadas… se lee utópico, pero si yo puedo decir lo mismo en sentido contrario, sabré que es real: un amor que me inspira a dar, que me inspira a no temer que la oxcitocina se acabe.


Estoy consciente de que debo prepararme, porque deseo ofrecerle autosuficiencia, independencia, madurez, fortaleza, pasión, coraje, libertad, realización, sabiduría y mucho sexo… mucho.

la rola de hoy: 

¿Quién dijo que ya era tarde
para vivir, para llegar?
¿Quién dijo que no hay espacio
para un sueño más?
¿Quién dijo que ya no hay vuelta atrás
para volver a empezar?



He lanzado al sol
Los pretextos que
Me enterraban pasos

Me he vuelto huracán
Para tirar
Mis prejuicios necios

He parado el reloj
Para transformar
Mis recuerdos negros

Me puedo reiniciar
Volver a inventar
Un millón de veces

jueves, 6 de julio de 2017

No creo en cuentos

A la edad de cinco años, me interesaba demasiado jugar, dibujar, hacer muñecos de plastilina, leer historias, y mi mente era tierna e inocente (si, alguna vez mi mente fue inocente y tierna, por increíble que parezca). Ya en algún momento expuse algunas referencias acerca de mi niñez, pícale al link.  A la edad de cinco años, estaban de moda los transformers, G.I. Joe, la avalancha, los autos hot wheels y las Barbies... las fu-ck-ing Barbies. Tanta era la moda de la pinche Barbie, que al ver que todas las niñas de mi edad la tenían, le pedí fervientemente a mi mamá que me la comprara, -pídesela a los reyes- me dijo. Lo peor es que en ese momento le creí, porque los reyes magos me parecían una fabulosa luz de esperanza en este mundo lleno de regaños, acoso escolar, tareas escolares inútiles y profesores intransigentes. (Me desilusioné a los seis años que en lugar de juguetes pedí la paz mundial: ahí comencé a dudar)



El pedo es que en ese momento faltaba mucho para los reyes y a mí me urgía contar con la estúpida muñeca, porque temía correr el riesgo de ser marginada y señalada por mis primas, la vecina Lucy, mis compañeros de la escuela... y con ésto tener mi pase directo al bulling y evidenciarme como la más incompetente del mundo... sensación nefasta que antes del bulling ya tenía, pero que apaciguaba muy bien con un atascón de papitas fritas y coca cola en bolsita. Por mis atascones, y compararme con la Barbie, años más tarde me sentí culpable y de hecho hasta la fecha me siento las lonjas y me siento culpable, (aunque hoy en día la Barbie me valga madres.) Traumas pendejos de la infancia que nos marcan de por vida, les dicen.

Planee hasta secuestrar a la maldita Barbie: tomar la muñeca de mi vecina sin que se diera cuenta, para llevarla a la escuela, presumirla, y regresarla sana y salva con su dueña ese mismo día por la tarde… ideas pendejas que se le ocurren a una, como esas ideas pendejas de creer en las hadas de las cuales les hablé en el post anterior, a mi favor puedo decir que en aquel entonces tenía una inocente y nada maliciosa alma de niña.

Por fin, después de tantos ruegos con ojos de cara de gato de Shrek, mi mamá me compró una pendeja Barbie, y no es para menos que le diga "pendeja Barbie" porque viniendo en miles de versiones la jodida muñeca, desde doctora hasta astronauta, mi madre decidió comprarme nada más y nada menos que la amiga de Barbie, la Tracy Novia.

Tuve una muñeca exactamente igual a ésta...
mi madre trataba de decirme algo
Hoy en día comprendo que mi mamá trataba de darme a entender algo con esa muñeca... pero como todo consejo que me han dado en la vida: me entra por uno y me sale por el orto, perdón, por el otro. Yo sigo soltera y va para rato... para largo rato. (cada vez que veo a alguien barriendo, pongo mis pies... es broma, yo no creo en esas pendejadas)

Recuerdo las charlas con mi mamá, donde insistentemente me señalaba el "valor de la virginidad" con sus críticas hacia las mujeres que no se enfocan ni en tomar los hábitos, ni en el propósito del sacrosanto matrimonio como el eje principal de sus vidas: o te casas con un buen hombre, o te vas de monja, no hay de otra.



Ay mamá, reconoce la realidad por favor y date cuenta que estoy lejos de tu estereotipo de mujer perfecta y más cerca de parecerme a La Congelada de Uva, La Verdolaga Enmascarada o a La Loca de los Gatos.


Fui bastante precoz, me cuestionaba cómo era posible mantenerse pura en este mundo lleno de minifaldas ajustadas, escotes pronunciados y posters de Marilyn Monroe (sí, me prenden, ¿y?), sabía que tomar los hábitos no era una opción viable para mí... sí, a la tierna edad que queda entre los cinco y los siete años. Lo dije en el post anterior: no puedo ser niña buena, porque soy como el demonio.


A esa tierna edad de los cinco a los siete años, recuerdo que comenzaba a tratar de comprender el mundo en el que habitaba. Constantemente era bombardeada con ideas acerca de cómo debía ser mi vida, y que era lo que se esperaba de mí. En efecto, lo que se esperaba de mi era que cumpliera con un rol femenino, pero las expectativas no eran lo suficientemente claras. Por un lado estaba mi madre, quien como cualquier madre, deseaba fervientemente que me portara como un ejemplo de hija: estudiosa, con excelentes calificaciones, bien portada, bien hablada, discreta, sin intereses románticos…

Y por otro lado estaban mis tías, mis divertidas tías que se entretenían conmigo haciéndome manicura y poniéndome brillo en los labios (para hacerme más atractiva y femenina), y con quienes podía hablar en la intimidad acerca de las dificultades en la escuela, criticar a la gente, despotricar contra las situaciones diarias, señalar lo que a mi juicio parecía injusto, y hablar de mis intereses románticos… sin ser juzgada ni reprendida.

Ambos escenarios, en apariencia diametralmente opuestos, se dirigían a un solo objetivo, perdón, hacia un patético objetivo: desarrollar las características adecuadas para conseguir un marido con quién vivir feliz por siempre… hasta la fecha no lo he querido conseguir, no he querido casarme y hasta la fecha mi madre no me perdona que no me haya casado.

Había muchos estereotipos que me señalaban lo que se supone que se debe esperar de una mujer: ser buena como amante, confidente, ama de casa, coordinadora, intérprete, organizadora, psicóloga, intendente, educadora, confidente, consejera, contadora, negociadora, enfermera, cocinera, planificadora, chofer, abastecedora, arrulladora de niños, dependienta, costurera, catequista, veterinaria, bailarina, conciliadora, peluquera, profesora, jardinera, lavandera, maquilladora, secretaria, conservadora, ahorradora, comunicóloga, malabarista, ayudante, asistente, contorsionista, humorista, jugadora, niñera, actriz, organizadora, confesora, animadora, entrenadora... y por la situación en la que me encontraba, yo suponía que a lo más que podía aspirar era a ser lavadora de trastes...


Es una locura. Cuando me di cuenta de todo eso, pensé que era mejor decidir ser hombre… pero conociéndome, si fuera hombre, sería bien joto, por aquello de la "retroalimentación".

Los estándares que debe cumplir el modelo ideal de la esposa perfecta son en realidad utópicos, además, ¿de dónde les sale el gusto por convertirse en la servidumbre? Es decir, si se observa bien, todas las características enlistadas que una mujer decente se supone debe cumplir, están enfocadas en servir a los demás… ¿en serio creen que me iba a tragar el cuento de que ese esquema de esclavitud es "vivir feliz por siempre"?. Me opongo totalmente a eso, yo nunca me vi a mi misma como una resignada esposa que por gusto se anula a sí misma en pro de la familia. Si me salen con que este esquema debe vivirse con el gusto de atender a una familia feliz, neta prefiero ser hombre: llegar del trabajo, abrir el refri, destapar una cerveza y sentarme en el sillón a ver la tele en lo que mi linda esposa me prepara la cena, y se encarga de atenderme, de mantener la casa ordenada, tener mi ropa limpia, plancharme... y también desarrugarme la ropa.

Había dicho que no me casaría, pero ante este escenario, considero que el matrimonio podría ser tentador… solo tengo que encontrar a la mujer perfecta para casarme con ella… después de hacer el tortuoso trámite de la boda civil, ya que los retrógradas tercermundistas de este país se oponen a las bodas entre personas del mismo sexo.



Desde muy niña, me sentí en rebeldía hacia el cumplimiento del papel que se supone debía cumplir, y es que fuck!!, yo a los seis años leí la “Respuesta a Sor Filotea”, sí, a los seis años leía y escribía perfectamente, lo cual me abrió la puerta a muchísimos horizontes, más allá de los horizontes que podían si quiera imaginar mis coetáneas… no sé qué hubiera sido de mi vida si también hubiera leído a esa edad a Simone de Beauvoir… tal vez me hubieran quemado en la hoguera, o tal vez me hubiera sublevado a las ideas que me impusieron y que evitaron que desde un principio manifestara fuertemente mi oposición al esquema que se supone debía cumplir en mi rol femenino.


Entonces, con esa increíble capacidad de conocer otros mundos a través de la lectura, fue inevitable que conforme iba conociendo diferentes filosofías, me cuestionara progresivamente acerca de la veracidad y validez de las mismas. Y es que a parte de todo, conforme iba leyendo, desde el periódico hasta la enciclopedia salvat, mis esquemas de pensamiento iban cambiando, pero a pesar de que en realidad no era tan tonta, pero sí muy sentimental, empática y suceptible, razoné que por ningún motivo le iba a decir a mi mamá que me parecía mas sensato dedicarme a hacer de mi cola un papalote en lugar de amarrarme a cumplir con expectativas pendejas que no dependían de mí, sino de otros, y es que ¿cómo carajos hacerle para que otro me quisiera? no se puede mandar sobre la voluntad de una persona, a menos que sea un chantaje. Y es que, shingao, ya mencioné que "yo solo quería besar a Luis" (y si no te acuerdas, o no lo leíste, lee nuevamente el post anterior) … grave error no decirle a mi mamá que me parecía más sensato no casarme... o tal vez hubiera sido peor si se lo hubiera dicho y hoy en día en lugar de ventanear mis traumas en un blog, estaría rezando, desde mi celda de la congregación de la archicofradía del santo prepucio, a algún santo… me pregunto, ¿cuál sería mi nombre de monja?. Sé lo que estás pensando, pero Sor Rita o Sor Raymunda dudo que sean una opción real.

No sé que hubiera pasado en éste punto, de externar mis dudas, seguramente habría sido censurada de la peor manera. Pero, por otro lado, no haber luchado por mis ideales desde un principio y haber sido adoctrinada en una ideología patética, me costaron decisiones dolorosas y haber perdido muchos años de mi vida… como si se tratara de un episodio oscuro en mi existencia.


Aquí fue tal vez el quiebre de mi vida: confié ciegamente en que los adultos que me rodeaban, me guiaran de la mejor manera, y en lugar de reafirmarme la capacidad de dudar, cuestionar, investigar, comprobar… me llenaron la cabeza con fantasías. Hasta la fecha me sigo responsabilizando por haber permitido eso, y en un acto de contrarrestar este hecho, hoy en día soy escéptica, desconfiada y muy suspicaz… si, darlin', mi aparente indiferencia no es más que un mecanismo de defensa... 

Mis reminiscencias de “pensamiento mágico” me llevan a darle vueltas a las situaciones, aún a pesar de que razonando los pros y los contras, llego regularmente a una conclusión lógica en todas las situaciones por las que atravieso. Continúo esporádicamente con reminiscencias de mi condicionamiento infantil, pero aún y con esto, tengo la capacidad de superar poco a poco esas ataduras mientras no deje de practicar el pensamiento lógico y escéptico… plasticidad neuronal, de eso se trata,y precisamente por esa capacidad, es por la que podemos, mediante la práctica mantenemos libres de pensamientos recurrentes, como por ejemplo, los acostumbrados pensamientos fatalistas de: - ay, debo encontrar a mi príncipe azul antes de que se me vaya el tren.

El objetivo no es esperar a que llegue a rescatarme un príncipe azul, mucho menos casarme, ya no necesito ser rescatada, ni amarrada...¿?.. jajajaja, el punto es estar con alguien que esté igual de loco que yo, y que además me permita ser libre, sin condiciones ni ataduras... lo de las ataduras es metafórico, pero lo no metafórico representa un alto nivel de complicidad, confianza, sincronía y equilibrio emocional, lo cual jamás se consigue con un cretino.

ésta me gusta más... mucho más
No sé que vaya a pasar en el futuro, estoy aprendiendo cada día más, disfrutando y sacando provecho de la realidad. De lo que sí estoy segura es de que solo quiero aventarme como gorda en tobogán, seguir mi vida con otro enfoque... y viviendo en las expectativas ; )

Challenge Acepted!!!

Solo sé que hoy estoy feliz.

La rola de hoy:






jueves, 29 de junio de 2017

No creo en las hadas


Domingo 18:45, bajo la influencia de mi pluviofilia, desde el interior de mis acogedores y tranquilos aposentos, salgo al balcón para respirar profundo el petricor que provoca la llovizna que cae antes del inicio de la tormenta, y así como inicia la borrasca afuera de mi sereno hogar, siento la tempestad y el bullicio por fuera de mí, porque en mi interior está la paz que hace seis semanas no podía tener… ojalá pudiera decir eso, pero la neta es que todavía me siento de la chingada, y con estos pinches climas depresivos lo único que se me antoja es un episodio de hueva dominical: meterme a mi tibiecita cama, acompañarme de mis perrijos: mi Hija Pixie y mi Hi-Jo tito, mientras sopeamos buñuelos en chocolate abuelita y vemos netflix… bendito netflix que me mantiene alejada de la depresión dominical. Y es que sencillamente, ver el canal dos “el canal de las estrellas” o el canal cinco, “equis hache ge ce”, ya no está a mi nivel…

-ejem, cambió a “Las estrellas” y ahora es el once

-¿ah, que ya no está en el dos “el canal de las estrellas”?, fíjate nomás hace cuanto que no lo veo.

Con este clima, es inevitable estar nostálgica irreflexiva. Sí, nostálgica irreflexiva y no nostálgica y reflexiva. Porque eso de la nostalgia es “tener ese sentimiento de anhelo por lo que viví y ya se fue”, y lo de irreflexiva es porque ya me da hueva dedicar más tiempo a analizar la pinche situación: las evidencias apuntan a que ni siquiera él sabe por qué me dejó, así que voy a dejar de torturarme y ya no le voy a dar más vueltas al asunto.

Sí, ya sé que dije lo mismo el post pasado, y el antepasado, y el pasado al antepasado. Yo espero que éste ya sea el último, porque pesar de que trato, por todos los medios posibles, de mantener una postura racional y estoica, aún me quedan reminiscencias de “pensamiento mágico”, ese pensamiento pendejo que me dice que se aparecerá mi Príncipe Pelón, digo, mi Príncipe Azul, y me dirá que reconoce que se equivocó, que fue un tonto y que se arrepiente de haberme mandado a volar, y que acepta que su sospecha de infidelidad es derivada de su inseguridad, la cual es tan grande como la de Ecatepec los sábados por la noche.

Sí, aún me quedan vestigios de ese pensamiento pendejo que me mantiene con la mente todavía nublada, esperando a que algo mágico e inesperado suceda. Enamoramiento, apendejamiento, embrutecimiento voluntario o como sea que se llame, ese pensamiento pendejo no deja nada bueno, pero como pueden ver no ha sido fácil erradicarlo del todo. Y es que de manera patética, fui educada por muchos años para alimentar a ese pensamiento pendejo y aún me quedan rastros de esto. Hasta donde recuerdo, todo comenzó a la edad de cinco años con mi deseo por un beso…


Por increíble que parezca, es Dulcinea del Rebozo, a los cinco años.


Así es, quería darle un beso a un niño muy atractivo. Cuando lo vi por primera vez me encantó, tenía algo, un "no sé qué, que qué sé yo, que quién sabe", y hasta pasado un tiempo pude definirlo: él era una fusión del aplomo y la valentía de Koji Kabuto con la guapura de Glen Lantz y tenía una expresión siniestra, de esas expresiones faciales que te invitan a hacer cosas malas y prohibidas… o al menos eso era lo que yo interpretaba con esa mirada que me invitaba a pecar. Era él: Luis Alberto Andrade Vega (sí, lo pongo completo, a ver si alguno de los lectores lo conoce o si el wey se busca en google, y le sale este blog… igual y se anima y se me hace). Sí, Luis el ícono de esa sensación que tenía a tan tierna edad y de los deseos casi irresistibles de robar un beso… yo solo quería un beso, un pinche beso y ya… porque el niño se me hacía guapo.


Viendo las cosas en retrospectiva, considero que lo que sentía era una atracción natural producto de mi precocidad, misma que de haberse encauzado inteligentemente por parte de las personas que se encargaban de mi cuidado y educación, hubiera fructificado años más tarde en algo más productivo que una loca tacaña traumada que escribe un blog para ventanear sus conflictos existenciales y ahorrarse el costo de un psicólogo (Flor estoy en quiebra, dame chance)… de haber sido bien encauzada mi precocidad, tal vez hubiera podido ser astronauta o por lo menos tener una licenciatura respetable en el área de ingeniería, química, biología, física o matemáticas. Puede que no sea tarde para lograrlo, ya que de acuerdo a Rhonda Byrne y Karime Macías,  eso de ser astronauta se puede conseguir teniendo mucha fe y haciendo muchas planas de: sí, merezco ser astronauta; sí, merezco ser astronauta; sí, merezco ser astronauta; sí, merezco ser astronauta; sí, merezco ser astronauta; sí, merezco ser astronauta; sí, merezco ser astronauta; sí, merezco ser astronauta…






En efecto, aquí en esta etapa de mi vida, es donde recuerdo de manera consciente que se formó ese esquema de pensamiento pendejo que tenemos muchas mujeres, esquema contra el que algunas, no todas, luchamos incansablemente para erradicar. Me refiero a este pensamiento como un “pensamiento mágico”, porque en mi ilusión de la niñez (la ilusión es normal en la niñez, ya luego es adormecimiento mental = apendejamiento voluntario), me enseñaron a crear expectativas alrededor de un evento factible, pero estadísticamente improbable. Y es porque en mi simplicidad infantil a la tierna edad de cinco años, no tenía como objetivo un “casarnos y vivir felices por siempre”… la realidad es que a esa edad yo solo quería robarle un beso … y un arrimón.

En un corto periodo de tiempo, pasé del deseo por un simple beso, a imaginarme una vida perfecta al lado del que sería mi gran amor, mi media naranja, el dueño de mi corazón y de mis quincenas, el príncipe azul que llegaría a salvarme de la torre del castillo: modelo de hombre perfecto y padre de mis hijos.

Claro que suena tan ridículo como se lee, y de tan ridículo que se escribe hasta me dieron ñañaras y una tremenda comezón en las plumas, porque hoy en día, estimados lectores, estoy bastante peludita como para enfocarme en pendejadas, en la "magia" de ese "pensamiento pendejo" que implica fantasías y situaciones fuera de la realidad, pero coincidentes con nuestras ilusiones interiores… Y a la fecha sigo ilusionada con que el Pelón regrese… saaaaaabe. Uff, si estaré pendeja, ya tengo que decirle adiós...

                                    




Esto del pensamiento pendejo comenzó con el mero deseo de besar a Luis por el simple hecho de que me parecía atractivo, pero para lograr eso, para besarlo, tenía que pasar por un burocrático trámite. Y ahí en ese “burocrático trámite” fue que comencé a crear "fucking expectativas de shit", porque me dijeron que así es como funciona el mundo: resulta que de acuerdo a los esquemas sociales primero tenía que casarme con él, pero al planear los detalles de éste maléfico plan, para poder primero casarme con él, era necesario que yo le gustara, y para que yo le gustara no sabía que carajos hacer. Caray, yo ni siquiera conocía al tipo, sólo me parecía atractivo y quería robarle un beso… pero de acuerdo a los esquemas socioculturales enseñados por esa Honorable y Sacrosanta Institución que es mi familia con el “diseño original”, primero TENIA que casarme con él.



Ese “tenía qué”, me marcó durante una etapa larga en mi vida. Porque aunque a los cinco años yo solo quería tocar con mis húmedos labios los suyos (sí, tenía cinco años, reconozco que fui muy precoz), cuando externé éste deseo ante los adultos que me rodeaban, se me aclaró que no era correcto que a mi tierna edad tuviera ese tipo de pensamientos pecaminosos… carajo, yo solo quería un beso… y arrinconarlo para aplastarlo contra la pared, en un arrebato de cosquillas pélvicas … pero de eso a entablar una “relación” y comprometerme a serle fiel en la salud y la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso, hasta que la muerte nos separe… uta, hay un abismo. Sin embargo "Tenía qué” casarme primero con él, para después poder besarlo y hacerle lo que a mi cochambrosa imaginación de cinco años se le ocurriera.

Así que con este esquema, a mis tiernos cinco años, y con mi imaginación desbordada, planifiqué, imaginé e idealicé todo un suceso nupcial alrededor de la expectativa de solo… besarlo.

Sí, lo repito y lo vomito: suena bastante estúpido, pero en ese entonces yo solo tenía cinco años, confiaba en que los adultos que me rodeaban me enseñaran cómo funciona el mundo, y estaba empecinada en besar a ese wey. Fue tanta la influencia del entorno que de verdad fantasee con una pinche boda, solo para llegar al punto de: "ahora puede besar a la novia" 

Me di cuenta desde entonces, que los niños la tenían más fácil: simplemente llegaban y robaban un beso. Pero, ¿una niña haciendo eso? diosbenditonoslibre, qué modales son esos!!!

Pídele a dios… pídele a la vírgen… haz las cosas bien y tendrás tu recompensa, compórtate como una dama y encontrarás el amor verdadero… si repites el nombre de tu amor e invocas al rayo de luz, y te rocías con la loción “ven a mi”, en tres días tu amor estará a tus pies … ¿de dónde rayos salen éstas ideas estúpidas? … pues de las mujeres supersticiosas que me rodeaban, de aquellas que bajo el esquema de pensamiento mágico que nos inculcaron, intentaban bajo todos estos medios estúpidos de “atraer el amor” y encontrar marido.



Sospechaba que jamás funcionaría, pero me parecía divertido jugar a ser bruja y pintar con gis estrellas de cinco picos en el suelo del cuarto de mi abuelita... años más tarde me acusarían de simpatizar con el satanismo, lo cual me daba mucha risa que les asustara y me hacía sentir más lista que los demás, porque en realidad no creía en esa basura.



A veces me imagino que aunque traté de racionalizar el asunto, este esquema mágico de pensamiento, por la insistencia de la gente que me rodeaba, se fue filtrando por entre las cisuras de mi corteza orbitofrontal, así como se le escurre la nieve a mis brownies, ¿exagero? pícale aquí y entérate.  Esto tiene que ver con lo que yo llamo  las “fucking expectativas de shit”, mismas que ya he mencionado previamente ... aunque también "lavado cerebral progresivo", es otro nombre que podía definir este proceso.


Pasó el tiempo, llegué a tercero de primaria, y de ser la niña precoz con ganas de besar a un chico, pasé a volverme tímida e insegura y jamás me atreví a algo más allá de solo mirarlo. Creo que únicamente en tres ocasiones crucé palabras con él: 
–me das permiso de pasar? 
–tu mochila la tiene Emmanuel
–si, ya abrieron la cooperativa    … ufff, romanticismo puro y duro.


Emmy, ¿no te parecía más sensato hablarle para entablar una amistad? Si, pero no podía hacer eso, porque una pequeña dama no anda de ofrecida…

“que ellos te rueguen, porque tienes que darte a desear” –mi madre, siempre.

            

Lo más deprimente del caso es que en vista de que no podía entablar comunicación directa con él (porque de acuerdo a mi madre “a los hombres no les gustan las rogonas”), pasé mucho tiempo llenando en secreto planas de cuaderno con su nombre, corazones y flechitas, invocando su atención como si se tratara de una fórmula mágica. La obsesión con Luis no se volvió patológica, (obsesión patológica si le hubiera dado "agua de calzón"), pero todo esto fue molesto porque gasté mucho tiempo en escribir planas y planas que no me sirvieron para nada, mas que para darme dolores de mano. Me lamento por eso, porque en lugar de perder el tiempo en todos esos rituales absurdos pude haberle pedido directamente que me enseñara a dibujar, actividad en la que destacaba notablemente, o practicar algún pasatiempo que los dos tuviéramos en común, para convivir un rato y luego robarle un beso. Pero la realidad es otra: durante esa época solo me dediqué a llenar mi cabeza de fantasías e ideas estúpidas sobre el futuro deseado.



Unos pocos años más adelante al razonar estos procesos evidentemente fantasiosos y cuestionar su utilidad, comencé a criticarlos. Sin embargo la influencia del entorno es bastante abrumadora, al punto tal de que a la fecha hay gente a mi alrededor, y de mi edad, que habitualmente gasta tiempo en realizar rituales para que ocurran milagros con la esperanza de que éstos les mejoren la vida. Siendo una niña, y con las imposiciones del entorno, fue difícil enfrentarme a estas costumbres, y lo peor es que conforme fui creciendo, de manera inconsciente y no tan inconsciente fui imponiéndome limites y trabas para lograr mis objetivos, al grado tal de realizar prácticas que hoy en día considero insanas y altamente nocivas... como por ejemplo desear el sufrimiento y vivirlo con abnegación.



La influencia del entorno sociocultural fue la que empujó a mi familia y los conocidos más allegados, a formarme bajo esos esquemas y costumbres arcaicas, propias de la edad de bronce… caray, solo faltaba que me pusieran un cinturón de castidad… cosa que no veían muy descabellada, porque mi precocidad era equiparable a la de los niños que le subían las faldas a las nenas para verles los calzones… y es que yo quería hacer lo mismo, (sí, subir faldas para ver calzones), pero por la misma influencia de mi familia, me fui moldeando y reprimiendo al grado tal de ser incapaz de reconocer mis propias emociones, aceptarlas y disfrutarlas. Esto fructificó en molestas e inoportunas explosiones anímicas y arrebatos de locura e incongruencia años más tarde, como por ejemplo una accidental sobreingesta de medicamentos, con escenario incluido y fondo musical.

Durante mucho tiempo, mis luchas internas han sido para librarme de estos esquemas, y aprender a aceptar de manera auténtica mis sentimientos, aficiones y deseos. Reconozco que es un proceso largo… que no tendría por qué ser tortuoso ni doloroso. Sin embargo lo es, porque he tenido que racionalizar mucho las circunstancias para llegar a verdades evidentes, por ejemplo que no me gusta encajar en el predeterminado prototipo femenino… y eso es tema para el siguiente post.

la rola del día... no pude haber escogido una mejor rola!!!






how could it have come to this? 

jueves, 22 de junio de 2017

La burra no era arisca


En medio de una catarsis, publicar lo que escribo es peligroso, (nota: para los que estudiaron en el Conalep, catarsis significa liberación o eliminación de los recuerdos que alteran la mente o el equilibrio nervioso) y es peligroso porque ese proceso implica primeramente el reconocimiento de aquellas cosas que son favorables y las que no lo son, con el riesgo de confundirlas y terminar escribiendo un inmerecido homenaje a quien, en el recuento de los daños, resultó fracturar dolorosamente mi vida… espera, eso ya lo hice hace tres post. 



Me queda claro que no tengo ni puta idea del por qué disfruto escribir y ventanearme tan descaradamente. De lo que sí tengo idea es de que cada vez que escribo, una parte de mi alma se desprende como si fuera una purulenta costra y deja crecer piel nueva y sana en el fondo. Sí, es equiparable a una serpiente que muda de piel, pero no quería poner ese ejemplo para no verme más víbora de lo que ya soy. Emmyconda me dicen a veces. (Sospecho con todas mis fuerzas que soy de Slytherin)


Y es que el reconocimiento de todo aquello con lo cual me construí, implica tanto las partes buenas como las partes no tan buenas: las partes malas y cómo esto afecta a la gente que me rodea. Ya sé que soy impulsiva, bipolar, inestable, histérica, gritona, hipócrita, mentirosa, grosera, ofensiva, cínica, desgraciada, incongruente, egoísta mala gente, sin integridad, inmoral, deshonesta, indecente, sucia, obscena, impúdica, impropia, insolente, comodina, desfachatada, sinvergüenza, descocada, atrevida, puta, cobarde, indecorosa, inconveniente, escandalosa, entre otros adjetivos peores, pero reconocerme así me da el permiso de verle la parte amable al asunto y llegar a considerar que todas estas hermosas cualidades son como fortalezas que me permiten sobrevivir y salir adelante en lugar de estancarme y quedarme inmóvil… sí, reconozco que soy así y hay razones para que no niegue que soy así: soy yo, y soy lo único que tengo en esta vida… mucho tiempo lo quise ocultar, pero tarde o temprano se me salía el cobre, y bien cabrón.

Éstas peculiares características no son el ideal de las cualidades que buscamos que tengan las personas que involucramos en nuestra vida, o sea, los cuates o nuestra parejita (la familia ya está involucrada, pero conservarla no es a huevo). Sin embargo, en mayor o menor medida todos tenemos un mucho o un poco de esto que menciono, la diferencia es que hay quienes viven en un estado total de autonegación y en su terquedad piensan que son magníficos, perfectos, insuperables y que merecen todo el amor y la atención de la gente. Cretinos, les llaman, y algunos están pelones.

Por este motivo, por sacar el cobre, es difícil que alguien llegue a considerarme como una pareja adecuada para una relación estable, y no es porque tenga "a full" todas éstas características indeseables, (caray, en mayor o menor medida tod@s somos así), sino porque la mayoría de las personas comunes y corrientes buscan una relación perfecta de color de rosa (de acuerdo a los esquemas sociales), y que éstas expectativas se cumplan con alguien que saca el cobre en los momentos mas inoportunos, nomás no se pinches puede. La realidad es que "nunca voy a brillar en sociedad", y es porque la sociedad es cretina porque la gente busca sentirse bien a costa de señalar, ridiculizar, juzgar los defectos de otros para crucificar a los que son diferentes y sentirse superior con esto… lo cretino se puede quitar, pero hay a quienes les nos gusta vivir siendo cretinos. 



Yo era buena onda, obediente, sumisa, toda amor y toda dulzura, pero me chingué la rodilla, es decir, la burra no era arisca: los palos la hicieron. Si, los palos: a lo largo de mi trayectoria amorosa, me he vuelto más desconfiada y culera. Y no es para menos, necesito un mecanismo de defensa que me pueda ayudar a sobrellevar todas esas decepciones consecutivas que se viven en una incipiente relación de pareja, ya luego si las cosas salen mal, (siempre saldrán mal) la relación se volverá una lenta transición de Principe a Vaca, y posteriormente se convertirá en una enfermiza reciprocidad de chingadera tras chingadera. 



Lo que me decepciona es que estando en pareja se pueden resolver y superar estas desavenencias, aprendiendo uno del otro, retroalimentando con mucha comunicación, comprensión y cariño... solo si AMBOS están dispuestos, las relaciones de pareja no solo se tratan de las necesidades de uno...che puto.

Así es, estimado lector, después de todo este tiempo regresé nuevamente a la fase Ira-Enojo–Cólera-Emputamiento, en el modelo Kubler Ross de las etapas del duelo de mi corazón. 



Ha sido complicado para mí a lo largo de mis, ya 36 años de existencia en este mundo, encontrarme con una persona que desee involucrarse y hacerme cómplice en las locuras de la vida para volverlas locuras nuestras en conjunto. Socialmente se nos condiciona a estar preparados para permanecer en una relación con una especie de pacto o contrato social que limita nuestras libertades y nos obliga a aparentar para encajar en una expectativa diseñada para el control, para ceder nuestra individualidad y garantizar la paz sin perjudicar a alguien. El problema es que en este proceso, que en apariencia es sano, nos vemos realmente obligados a anularnos a nosotros mismos en pro del “bien común”. Y con esto… ¿no sería mejor ser auténticos y respetar nuestras individualidades sin perjudicar a nadie, ni generar expectativas ni negarnos a nosotros mismos? Lo que quiero decir es: si tú quieres y yo quiero, si tú tienes con qué y yo tengo por dónde, si ambos queremos lo mismo, ¿para qué fingir y aparentar?, ¿para qué despojarnos de nuestra individualidad?...pero que loca estás!! Ah sí, se me olvidaba que parte de éste contrato tácito es joderle la vida a quienes nos salimos del retrógrado esquema social, tachándonos de inadaptados, sociópatas y hasta satánicos, y es por eso que fingimos y aparentamos. No quisiera fingir que soy una niña buena, porque soy como el demonio... y por eso precisamente "nunca brillaré en sociedad".

Ya llegó un momento en mi vida en el que ya no quiero reprimirme, cuando me digo NO a mi misma en automático me rebelo, protesto y me opongo, creando con ésto un problema conmigo misma... lo irónico es que ni siquiera afecto a las personas: no me gusta golpear, aventar, agredir... me da flojera. Es simplemente que la gente se molesta cuando expreso lo que pienso y hago comentarios crudos. Y si la gente se molesta, no es problema mío, es asunto de ellos. Por lo anterior, ya no lucho contra mi, ahora solo me dejo llevar y fluir... eventualmente lo comprenderé o lo asimilaré y tal vez mi inconformidad se vaya o se arregle... y tal vez las personas que se molestan por lo que digo y lo que pienso, se vayan o se arreglen.



Ser sinceros en relación a nuestros deseos, necesidades e inquietudes, implica poder libremente ser reales sin sentirnos juzgados ni señalados (aunque la gente nos juzgue y nos señale). Ser sinceros permite llegar al grado de amar de verdad, sin condiciones ni chantajes. Suena utópico, pero eso es lo que me gustaría tener en una relación de pareja: total complicidad sin culpabilidad ni chantajes... y eso no se logra de un día para otro... solo con el tiempo y la evolución contínua.

La autenticidad evita el engaño, la mentira, la traición y el sufrimiento: no conozco peor sentimiento que el de aferrarse a aquello a lo que estamos apegados aún cuando esto signifique un profundo daño en el alma y la negación voluntaria de nuestros deseos, sentimientos y capacidades.

Ésta autenticidad asegura un ingrediente que debería tener toda relación: confianza, pero en ocasiones es inevitable jugar a sujetarse a la norma social y ejercer el yugo opresor del dominio… por puro placer del pinche poder: ¿a dónde vas? ¿a qué hora llegas? con sus correspondientes 48 llamadas perdidas en el celular. Y aquí me surge una reflexión… ¿por qué en determinadas etapas de mi vida me permito ser dominada? Sí, así como lo lees, y ésta dominación no tiene que ver con que me encante el shibari, bueno en parte sí, pero éste es tema para otro post.



Como te decía, a veces me permito ser dominada, pero incongruentemente, hasta en la dominación prefiero ser quien domine la dominación: osea, por mis huevos voluntariamente y por iniciativa reporto lo que hago, dejo evidencia y constancia de fidelidad y compromiso, doy mis contraseñas y me vuelvo completamente transparente en cómo actúo. Que haya quien suponga que lo hago como remordimiento de consciencia y como una explicación no pedida, es muy su apreciación desde su punto de vista, sus experiencias y sus proyecciones, y lo que piensen con respecto a mí no es mi pedo. Y es que, carajo!!, hasta eso está mal visto:  ser así de transparente. Y eso que socialmente se ensalzan los valores de honestidad y confianza… pero de manera hipócrita, porque luego si hablamos con la verdad somos juzgados, crucificados y señalados de locos.

Brindé fidelidad incondicional durante toda la vida de ésta última relación... y quien tenga evidencias de lo contrario, que las muestre. Iré por café y galletas para esperar eternamente sentada a que eso pase.

Retomando el tema: para encajar en el entorno social nos obligamos a aparentar y engañar. Nos educamos en la hipocresía y la mentira en pro del bien común… patético, pero a veces necesario: no voy a andar blasfemando a cualquier hora ni en cualquier momento, una cosa es que me la pase blasfemando y otra que la gente no me tolere porque saben que blasfemo, aunque no blasfeme frente a ellos. (ejemplo de blasfemia? decir que me gusta la almeja).

Me enferma aparentar, NOS enferma aparentar y fingir lo que no somos para encajar en el entorno… por eso me siento feliz al lado de la gente que me acepta y me quiere con todo lo que soy y lo que implica ser así… ¿quiere esto decir que todo el tiempo me voy a portar como una cínica bruja? No prometo nada, es muy posible que suceda. ¿y qué pasa cuando mi comportamiento afecta a la gente que me rodea?, ah pues cuando eso sucede, si yo no me doy por enterada de cómo está afectando mi comportamiento al entorno, terminan por mandarme olímpicamente a la chingada y yo me quedo con cara de what. ¿Y si llega alguien a mi vida que quiera que crezcamos juntos y para mejorar mis reacciones me brinda retroalimentación? Me doy con lo de la retroalimentación, siempre y cuando la alimentación sea de camote… y con cariño.

Prometer que voy a cambiar para agradarle a los demás es engañarme a mí misma, pero, ¿acaso no he cambiado y sigo siendo la misma de siempre?, no, a veces soy más bruja y cínica que de costumbre, y a veces soy todo amor y ternura. ¿y de que depende eso? No depende de los deseos de la gente que me rodea, así que ahórrense sus berrinches. Cambiar depende de uno mismo, y en esto tiene mucho que ver la inteligencia de cada persona, porque sería una total y completa estupidez seguir en lo mismo cuando vemos que el entorno ha cambiado… el problema es que a veces soy muy estúpida y necesito que alguien me lo haga saber.

Voy a ser una bruja toda la vida? seguramente no, aunque en este momento de mi vida estoy haciendo demasiado escándalo y berrinche, no es un hecho que vaya a ser así por siempre: una vez que libere lo que me motiva a hacer escándalo y berrinche, lo dejaré ir y ese vacío será llenado con cosas más… decentes.



Estar en una relación de pareja implica la participación de ambas personas que desean lograr un objetivo en común, y para que la relación permanezca saludable lo mejor es tener confianza, retroalimentación, sinceridad, complicidad, sexo, disposición a la mejora continua, apoyo, sexo, cariño, comprensión, sexo, comunicación, respeto, sexo, y mucha capacidad de negociación, entre otras cosas… y para que funcione debo empezar por mí. Emmy, ¿quieres ser mi novia? Haré mi parte, y trabajaré duro para ser yo misma, crezcamos juntas en el amor propio.

Y es que con estas expectativas, lo mejor será dejar que las cosas fluyan, estar relax, reconstruirme sin tratar de “quedar bien”, no vivir una vida con alguien a costa de mi felicidad ni de mis necesidades, ni de la felicidad de alguien más, ni de las necesidades de alguien más… uff, con esto, lo único que se me ocurre es que el único procedimiento viable para poder tener una relación de compromiso, única y duradera será cometer un crimen en pareja.

La rola de hoy... ahhh, te amo Beth Ditto!!