martes, 23 de mayo de 2017

Aventarse de un puente

Martes, 5:11 a.m., (sí, ya se que no es Jueves), faltan nueve minutos para que suene la alarma de mi teléfono y extrañamente no tengo deseos de posponerla en cuanto suene. Mi hija está dormida aún a mi lado, y aunque pareciera que siempre duermo con ella, esta es la primera vez que está en mi cama en diez meses. De hecho, ésta es de las primeras veces que estoy en mi cama en diez meses. No, no dormía en el suelo, es que simplemente mi cama no me hacía falta: había otro refugio donde solía sentirme amada, segura y a salvo.

La vida es una sucesión de cambios, y aunque algunas veces la comodidad y aferrarnos a lo conocido nos obligan a permanecer en un solo sitio inamovibles hasta bajo la tormenta, llega un momento en el que el balcón del castillo de arena inevitablemente se derrumba y nos obliga a movernos de lugar muy a pesar nuestro. 

El castillo no se levanta solo y alguien se ha llevado mi queso.



En realidad no hay un “alguien” que se lo haya llevado, ese “alguien” era el queso, y un día descubrí que mi (sí, Mííí, de Mío) suculento fromage frais


 se había convertido en un fromage à pate persillée bastante mohoso, 


lo cual no hubiera sucedido si me hubiera esmerado en conservar la frescura, la temperatura, las condiciones… algo imposible de hacer puesto que como apenas puedo con mi vida, mis condiciones,  mis traumas, mis complejos, lo último que podía hacer era empujar a alguien más para que saliera adelante con su vida, sus traumas y sus complejos.

Había olvidado ese sentimiento de despertar y dirigir mis pensamientos al objeto de mi afecto, no, no es dios, ni buda, ni alá, ni monesvol: el objeto de mi afecto es alguien real de carne y hueso, aunque a últimas fechas reconozco que ese objeto de mi afecto existe más en mi imaginación que en la realidad. Y es que al final construí  mis “foquin expectivas de shit”  usando una mezcla de experiencias pasadas, influencias del entorno, deseos frustrados, motivaciones incomprensibles y con esa mezcla unté los ladrillos de los sucesos diarios, los detalles románticos y los detalles no tan románticos, para construir un tremendo monumento a mis futuras frustraciones usando como molde la forma de… el objeto de mi afecto. Insisto, que hubiera sido más productivo comprar un kit de "clone a willy", por lo menos estaría más feliz… por un rato.


Sí, después del alejamiento voluntario,  pasé algunos días haciéndome pendeja (lo cual se me dá de una manera natural) viendo Netflix en lugar de poner manos a la obra para mejorar mi morada y mi espacio físico, con el pretexto de “estoy deprimida” para no mover ni un popote y rehusarme a iniciar un proceso de desintoxicación (literal) de espacios… en otras palabras: me dio hueva hacer el “quiacer” en casa porque me sentía de la chingada.

Y sigo sintiéndome de la chingada, porque al final un proceso de cambio no puede ser efectivo si no existe un descongelamiento de la situación de acuerdo con Kurt Cobain… no, espera, de acuerdo con Kurt Lewin: 




 y su "modelo de cambio de kurt lewin", debo pasar por tres etapas para cambiar.

 (francamente prefiero usar el ejemplo de cambio de Kurt Lewin a usar una conocida canción de Lupita D’Alessio),
 y la primera de esas etapas es descongelarme y romper con ese Status quo para luego vaciarme en un molde con la forma que deseo tener y volver a congelarme para mantener esa nueva forma… ¿alguien tiene un molde del cuerpo de Scarlett Johansson o a la perdido de Bárbara Mori?



Suena filosóficamente fácil, y lo sería… si no existiera una resistencia a querer descongelarme y dejar lo que me mantuvo cuerda, sin escribir, serena y controlada durante cinco años... quesito, te amo tanto.

Cinco putos años… cinco años son una eternidad: es un lustro, un quinquenio de vida, 1825 días que en realidad son 1826 o 1827 dependiendo de los bisiestos, con sus correspondientes 43800,  43824 o 43848 horas respectivamente y sus minutos, los cuales son un chingo y ya no saco la cuenta porque me voy a deprimir más de lo que ya estoy, porque en esos putos años pude: estudiar un nuevo idioma, hacer otra carrera universitaria, ir al concierto de Guns n´Roses en CDMX, arriesgarme a cambiar de giro o de género… pero no lo hice, no porque no haya podido, sino porque no quise hacerlo, porque se me dio la gana disfrutar esos cinco años viajando por carretera, con dos kayaks en el techo del Tsuru, remar en un río, acampar en la playa, ver tortugas salir de la arena y liberarlas en el mar, tomar mucho vino y comer muchas aceitunas, desvelarme muchas noches solo por el placer de una plática, embriagarme en los rallys para terminar buscando un panteón que nunca apareció, preparar platillos fuera de lo común y comer cosas exóticas, jugar gotcha y recibir hits que dejaron marcado mi cuerpo, bronquearme con putos pocoshuevos hasta en el speedball, bronquearme con putos pocoshuevos a la salida de los antros, meterme entre cohetes durante una hora y sentirlos estallar sobre mi cabeza, tener sexo al aire libre, en el mar, en el cerro, y hasta en medio de la carretera,  nadar en ríos y lagunas en un entorno natural, ver cocodrilos en manglares, conocer al Dr. Mireles y conversar con autodefensas michoacanas, nadar desnuda en el mar, hacer muchas parrilladas, fumar  hierbas extrañas en playas vírgenes, acampar en una serranía helada bajo las estrellas, rescatar perritos, perderme en un bosque, meditar junto a una luminosa fogata, ver muchos atardeceres en escenarios fantásticos… todo junto al objeto de mi afecto, tan solo por eso, cinco años valieron mucho la pena y escogería vivirlos otra vez.

Total que en esos cinco años, en los que cambié llamadas por mensajes del Whatsapp,  DVD por Netflix, USB´s  por dropbox, Guia Roji por Google Maps, y mi cel tamagotchi por un Moto X, hay cosas en mi persona que jamás cambiaron: sigo desconfiando de todo, amo levantarme tarde el fin de semana, posponer la alarma matutina hasta tres periodos de diez minutos, comer mientras veo tele por la noche, odiarme frente al espejo mientras me lavo los dientes, hurgarme la nariz, odiar la insoportable depresión del domingo por la tarde,  ser impulsiva, desordenada,  loca, destrampada e insumisa y muy rebelde.

La pregunta es, ¿de verdad debo, Debo, DEBO, cambiar?, ¿Qué carajos es lo que está afectándome que necesito forzosamente ser diferente? La respuesta es: nada. Y no se trata de una obstinación para seguir siendo la misma irreverente berrinchuda de siempre, es simplemente que a éstas alturas de mi vida no me agrada hacer complacencias, no me satisface hacer cosas que a mí me disgustan para quedar bien con alguien, me cansé de adivinar para hacer una expresión o un gesto adecuado, decir una palabra o evitar decir algo que me puede comprometer… y en esta parte quiero hacer una aclaración: Nadie puede hacer que te sientas mal sin que tú lo consientas. Y si alguna vez alguien creyó que lo que yo decía era para obligatoriamente lastimar: lo siento mucho, yo no soy responsable de lo tanto que se lastima la gente...



Si yo digo que Peña Nieto es un pelmazo, es porque así me parece, y Peña Miento es libre de tomar mi opinión o descartarla, de darle valor o mandarla a la chingada, de atorarle y mejorar la percepción que tengo de él, o de mandar al cuerno mi veredicto. Lo cual no quita que para mí siga siendo un pelmazo, el problema viene si a ese pelmazo se le ocurre desaparecerme cremándome en un basurero solo por expresar mi opinión… así que, querido, no mates al mensajero.


Igual en sentido contrario: podría hacer una extensa colección de opiniones que la gente tiene acerca de mi persona: fea, narizona, cegatona, histérica, gritona, hipócrita, mentirosa, grosera, ofensiva, cínica, desgraciada, incongruente, egoísta mala gente, sin integridad, inmoral, deshonesta, indecente, sucia, obscena, impúdica, impropia, insolente, comodina, desfachatada, sinvergüenza, descocada,  atrevida, puta, cobarde, zorra, indecorosa, inconveniente, escandalosa y los que faltan y se vayan agregando. Al final no le voy a dar gusto a todos, y sus opiniones son muy SUS opiniones, y si no me place, no haré algo al respecto que les haga cambiar esa opinión que tienen de mí, sobre todo tratándose de gente irrelevante en mi vida…  y aunque se trate de gente relevante en mi vida, es más fácil alejarse que esforzarse para cambiar una opinión, y simplemente porque no me voy a esforzar por cambiar una opinión a costa de mi salud mental, la cual de por sí es ya poco saludable. Sin embargo, con todo esto, seguiré confiando en hablar de mi pasado con las personas más trascendentes de mi vida, para que les quede claro que no me arrepiento ni me torturo tratando de cambiar lo que hice, porque lo único que puedo cambiar es el presente, y consecutivamente, el futuro. Lo reconozco, sí soy impulsiva, inmadura, alocada, inconsciente, atrevida, casquivana, irreverente… y he hecho muchas locuras en mi vida, como sonsacar al novio en el funeral de su abuelita… (picale aquí pa´que te enteres) pero eso, no se ha repetido, ni se volverá a repetir.

Tal vez en otra época de mi vida, no sé, a lo mejor cinco años atrás, me hubiera importado mucho la opinión de la gente, sobre todo la opinión de mis seres queridos, pero me di cuenta de que si en realidad son seres que me quieren y a quienes amo, las opiniones valdrán menos que los hechos, y el hecho es que durante mucho tiempo la percepción que muchos han tenido de mi persona solo se fundamenta en suposiciones, en prejuicios basados en el pasado, en chismes, en mis ideas de pensamiento lateral que poco encajan con la expectativa social y religiosa. Entiendo que si mis seres queridos me aman, el amor será eso: amor, y se supone que el amor es incondicional, desinteresado, libre de ataduras y de prejuicios. Todo lo anterior me lleva a pensar que conforme nos conviene usamos la palabra “amor” como un comodín que nos puede servir para chantajear, señalar, pedirle a alguien que cambie, mentir, aparentar y sobre todo para adjudicarnos una “superioridad moral” cuando decimos pleonásticamente: te amo sin condiciones. 

La verdad es que nos equivocamos, cada uno de nosotros tiene un concepto diferente de “amor” el cual, como ya dije, usamos a conveniencia, porque al final se trata solamente de obtener lo que queremos y lo que necesitamos. Sí, así es, desfachatadamente el amor es un concepto social de chantaje: así que amen a dios, porque dios los ama y si no lo aman como él quiere que lo amen, los mandará al infierno… Conmigo no aplica, no me interesa que me amen o no me amen, con que no me jodan es suficiente.

El sol que va saliendo se refleja en mis ojitos pizpiretos :)

 7:04 a.m. sale el sol y estoy en el  puente del amor, no, no estoy aquí porque me vaya a aventar del puente, tampoco vine a poner un candado para demostrarme amor y compromiso para conmigo misma. Ayer mandé el coche al mecánico y me lo entrega hasta hoy por la tarde (espero), así que como madrugué y por mucho, decidí caminar de mi casa al trabajo y éste puente queda de camino. Pero aquí en este lugar experimenté la misma epifanía que tuve el 29 de diciembre del 2011 en la ciudad de Toledo, y por eso les puedo decir que Dulcinea del Rebozo no estaba muerta: andaba de parranda.


Quiero que me dure mucho tiempo el gusto, hace ya quince días que el prozac invade mi sistema nervioso, y no quiero tomarlo más… porque me inhibe el deseo sexual, y para mí el deseo sexual es el más sexual de todos los deseos 😋, pero tampoco quiero caer en esa rutina de netflix sin limpeza hogareña, de vodka y aceitunas sin queso azul, de llamadas a mitad de la madrugada, de insomnio incesante, de pensamientos recurrentes y desgastantes repletos de signos de interrogación, de culpabilidad perpetua, de remordimiento de consciencia, de recuerdos gratos que se convertirán en dolorosos por pensar que no se repetirán otra vez, ah! pero sobre todo ya no quiero más chorizo sin puerco.

 No estoy esperando que llegue quien me saque de mi zona de confort, quien me disfrute con locura, quien me quiera y me acepte completa con lo que soy y lo que no soy, no estoy esperando a que llegue, porque estoy habituada a trabajar para que las cosas sucedan, y me gusta así. Porque si quiero el sol, la luna y las estrellas, me las bajo yo solita, y hacerlo me hace feliz. He decidido brillar cuando yo quiera, como yo quiera y el tiempo que yo quiera, porque es Mí Vida, Soy Yo, y eso es lo que importa, y me comeré el queso azul cuando se me antoje, y es que al final:  sí,  me encanta el queso azul…

La rola de hoy, de mi difunto esposo Kurt Cobain… 






And I have never felt this well...